La mañana luchando contra el michelin, llego a casa y controlando lo que como, me miro al espejo y no soporto mi tripa, pero luego me siento en el sofá, ¡Y NO QUIERO MOVERME!.
Como puede ser que la puñetera grasa se acumule en tus tejidos y provoque esas protuberancias llamadas michelines, que empiezan a ser curiososas y hacerte sonreír con ese comentaria, ¡HUY, ESTOY ENGORDANDO!, pasando por, ¡MADRE MÍA QUE ESTO NO BAJA!, y llegando a la toma de la decisión final, cuando esos michelines, la edad, la comida, el stress, el trabajo, la falta de tiempo, las obligaciones, el cansancio, se montan en el mismo carro, y pesan tanto.
Sí, guerra contra el michelin. Ejercicio, dieta, dieta, ejercicio, y curiosamente te das cuenta de que con un poco de suerte has adelgazado 100 gramos.
De todas, todas, y después de comprobar lo que puede llegar a costarme moverme, que mis articulaciones no suenen, agacharme sin problema, y en resumidas cuentas tomar el timón de mi edad madura, que comienza a nacer.
¡LUCHA CONTRA EL MICHELIN!.

