Era Él, el diré culebras. Flamante traje oscuro, corbata oscura a juego, camisa rosa, le encanta llevar algo rosa, camisa o corbata, calcetines espero que no, pelo negro, si, estaba encantado, feliz, un triunfo más, y era él, solo él, quien lo merecía. Esa gente que le miraba, ese presidente que sonriendo le daba la mano, ¿quienes eran ellos?. ¡Yo si era alguien, yo soy el Director, yo decido, solo yo decido!
El k todo lo sabe, permanecia en silencio, en una esquina, mezclado con el publico, viendo como el diré culebras, sonreía y se hinchaba. " Sí, esta vez es tu momento, y llegara el mío".
Pensamientos de resquemor, había trabajado mucho pero las cosas no habían salido como el quería, y su socio, el culebras, le había pisoteado.
La herida sangraba y por mas que intentaba sobreponerse, cada vez dolía más
Ella, sobre esos tacones imposibles, sobre los que no sabia andar, y que le habían costado casi las tres cuartas partes de su sueldo, con un traje pantalón en el que estaba embutida, una camisa con un escote exagerado, y sobre todo esa expresión risueña que intenta ser interesante, y que solo deja ver la apariencia de una mujer, limitada, fuera de lugar, sin capacidad para poder relacionarse. Pero el culebras, la quería allí, que no destacara mucho, pero allí, luego estaría con ella, no mucho lo justo, y la mandaría a cualquier otro sitio que supuestamente la necesitarian, y seguiría con su tarde-noche de gloria.
Era, todo un despliegue de amabilidad, de buenas formas, de diplomacia al mas alto nivel de la hipocresia. Feliz, muy feliz, tremendamente feliz.


