viernes, 25 de abril de 2014

Una sorpresa

Hoy, mi día libre, aprovecho para dar una vuelta y andar un ratito haber si esos maravilloso michelines afincadas en mi flotador particular, por lo menos no aumentan.
Me paro en la cafetería del Prado al regresar y mientras pido un café, oigo sonar la campana de la capilla delPrado, y me digo a mi misma, “luego, cuando termine, entro a verla”.
Tras el descanso de una fructífera caminata, y saborear mi segundo cafetito del día, entro en la capilla. Bueno, teniendo en cuenta que es viernes y las 12 horas del mediodia, hay gente, unos veinte aproximadamente. El párroco esta leyendo el sermón, y de repente una señora sale de una de las filas de los bancos, y se dirige adelante, dos bancos anteriores, y cogiendo una txapela del suelo se la entrega a su dueño que permanece sentado escuchando al sacerdote, y es cuando se da cuenta que no esta bien.
A partir de ese momento toda la iglesia que se fijaba en lo que estaba pasando, se preocupa más por la persona sentada en el banco sin moverse que en todo lo demás, y el sacerdote, como no había visto nunca, para la misa, baja y se acerca a la persona mayor que no esta bien. Se dirige al interior de la capilla a coger un vaso de agua con azúcar, para darle al enfermo, y luego continúa con la ceremonia.

Bueno, la persona en cuestión era un señor mayor, y intento mantenerse toda la misa, y aun al final, seguía sin estar bien, por lo que el sacerdote y fieles varios se encargaron de saber quien era, y donde poder llevarlo. La cuestión es que después de tantos años viendo y oyendo misas varias, mas estrictas, menos estrictas, y eso que no soy de acudir a ninguna de ellas, me alegrado saber que un sacerdote es capaz de parar una misa, para poder atender a quien en ese momento lo necesita más, y eso hace que el resto de fieles se sintiera más vinculado al problema y participara intentando ayudar de la mejor manera que pudieran. El mejor ejemplo para los feligreses.

viernes, 18 de abril de 2014

Caminar.

Hoy te he visto, creo que por primera vez, si, ha tenido que ser la primera vez.
Tu cara hermosa, tu pelo bello, ojos brillantes, una boca llena, fina, plena.
Todo tu esplendor se despliega cuando caminas, cuando te mueves, en tu caminar, parece que el brillo de la luz te acompaña. Desconocido, viajero de paso, impactante en tu mirar. Seguro que no volveremos a encontrarnos, pero seguro que no olvido, como tu mirada paso, tranquila, y me miró.
¡Viajero de paso, que bello tu mirar!