Hoy, mi día libre, aprovecho para
dar una vuelta y andar un ratito haber si esos maravilloso michelines afincadas
en mi flotador particular, por lo menos no aumentan.
Me paro en la cafetería del Prado
al regresar y mientras pido un café, oigo sonar la campana de la capilla delPrado, y me digo a mi misma, “luego, cuando termine, entro a verla”.
Tras el descanso de una fructífera
caminata, y saborear mi segundo cafetito del día, entro en la capilla. Bueno,
teniendo en cuenta que es viernes y las 12 horas del mediodia, hay gente, unos
veinte aproximadamente. El párroco esta leyendo el sermón, y de repente una
señora sale de una de las filas de los bancos, y se dirige adelante, dos bancos
anteriores, y cogiendo una txapela del suelo se la entrega a su dueño que
permanece sentado escuchando al sacerdote, y es cuando se da cuenta que no esta
bien.
A partir de ese momento toda la
iglesia que se fijaba en lo que estaba pasando, se preocupa más por la persona
sentada en el banco sin moverse que en todo lo demás, y el sacerdote, como no había
visto nunca, para la misa, baja y se acerca a la persona mayor que no esta bien.
Se dirige al interior de la capilla a coger un vaso de agua con azúcar, para
darle al enfermo, y luego continúa con la ceremonia.
Bueno, la persona en cuestión era
un señor mayor, y intento mantenerse toda la misa, y aun al final, seguía sin
estar bien, por lo que el sacerdote y fieles varios se encargaron de saber
quien era, y donde poder llevarlo. La cuestión es que después de tantos años
viendo y oyendo misas varias, mas estrictas, menos estrictas, y eso que no soy
de acudir a ninguna de ellas, me alegrado saber que un sacerdote es capaz de
parar una misa, para poder atender a quien en ese momento lo necesita más, y
eso hace que el resto de fieles se sintiera más vinculado al problema y
participara intentando ayudar de la mejor manera que pudieran. El mejor ejemplo
para los feligreses.
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